lunes, 5 de mayo de 2008

MUCHO CLASICO, POCO FUTBOL

La expectativa que genera un clásico es única. Por la pasión y esta vez por que Boca y River prometían ir al frente, por lo menos eso se hablaba y lo decían los protagonistas antes del encuentro. Bien hasta ahí. Aquel que fue a la cancha, el que lo vio con amigos o el que pago algo en algún café para ver el súper clásico, se habrá desilusionado en cuanto al juego, a lo estrictamente futbolístico. En Boca, uno suponía que se iba apoyar en la creación de Riquelme, en el ida y vuelta de Datolo y en alguna corrida electrizante de Palacio. Por su parte, River invitaba a un plato súper ofensivo, por los nombres que volcaba al verde césped. El trío Ortega-Buonanotte-Sánchez más Falcao intimidaba a la defensa del equipo local. Claro, todo quedó ahí. En insinuaciones, en amagues. Los de Carlos Ischia encontraron el gol por arriba. Con una vieja formula: centro de Riquelme y cabezazo certero de Battaglia. El visitante no llegaba con peligro al arco defendido por Caranta. Porque Buonanotte estuvo muy solo –le cometieron muchas infracciones-, Sánchez y Ortega entraron poco en contacto con la pelota y a Falcao directamente no le llegaba, y ahí se diluían las esperanzas del millonario. El juego seguía brillando por su ausencia. No circulaba la pelota, se le pegaba constantemente para arriba, no se intentaba jugar por abajo y el partido definitivamente hacia arder los ojos. Se iba el primer tiempo.
Los segundos 45 minutos encontraron a un River en campo rival y a Boca agazapado, dispuesto a regalarle la pelota al rival y apostando por alguna contra. Los de Simeone tenían el control de la redonda, pero no se les caía una idea y cuando el local lograba recuperar el balón lo perdía tan rápido como se escurre el agua entre las manos. Entonces el “super” seguía siendo por demás ordinario. Transcurrían los minutos y River iba pero no sabía como y Boca se refugiaba cada vez más cerca de su arco. Los cambios no le dieron resultado al puntero del campeonato. Línea de 3 y casi todos con vocación ofensiva, claro, amontonar gente no te asegura nada. Fernández, Abreu y Rosales a la cancha, vértigo y velocidad, pero se notaba que necesitaba alguien que marque los tiempos, que diga ahora se juega a 40 y acá se acelera al 100. Así, los defensores y mediocampistas de Boca acrecentaban sus figuras. Los millonarios lo tuvieron en la cabeza de Abreu pero su tiro se fue por arriba del horizontal y se esfumaban las chances de empatar. Para esto Boca solo pedía, imploraba, que el partido termine cuanto antes. Bassi pitó el final. Boca ganó uno a cero, con poco, muy poquito. Quedaron en deuda, sin duda. Riquelme no apareció, Ortega no terminó una. Si ellos que son los que nos pueden arrancar una sonrisa dentro de la cancha no aparecen, es difícil poder ver algo interesante. Así se fue el clásico. De fútbol poco y nada.

POR MARCIAL PAZ

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