La mística. ¿Qué carajo es la mística?. Boca está otra vez en semifinales de la Copa Libertadores y en todos lados se la pasan hablando de la mística de este equipo.¿No es minimizar la cuestión hablar de mística, depués de la lección de fútbol que le dio el equipo de ISCHIA (de local y visitante) al conjunto mexicano?. A mi modo de entender es saltear algunas cosas que se dicen y luego quedan en el aire y nadie se hace cargo.
Porque recuerdo muy bien cuando Carlos Ischia llegó al club ninguneado por casi toda la prensa y buena parte de los hinchas. Hoy se habla muy poco del equipo de Ischia, mientras que si el DT hubiese sido otro los alágos y las adulaciones eternas estarían a la orden del día. De la misma manera, hoy se habla de la mística copera de este Boca, que puede ser verdad, pero ya basta de repetirlo todo el tiempo. Boca tiene muchas más virtudes que la famosa mística.
Otro debate dejado al borde del camino es la idea de juego de este Boca. No muy distante del que pregona Basile para su selección. Jugadores de buen pie y el juego alrededor de Riquelme, que estando bien, regular o mal, define partidos. Es decisivo. Para muestra valen casi todos los goles de esta serie, que comenzaron en él. Y aclaro esto porque muchas veces los que defienden que en el fútbol está todo estudiado argumentan que Riquelme es lento, previsible y otras yerbas. Hoy se olvidan del debate para disfrutar de los triunfos, lo dejan a un lado, como quien se saca la ropa. Y los jugadores se rien de todo esto. Riquelme rompe la previsibilidad con un pase entre líneas que deja mano a mano a su compañero con el arquero, mientras entretuvo la pelota de un lado a otro, esperando el momento oportuno. Lo previsible se hace imprevisible cuando Palacio se lanza en velocidad por una de las bandas y deja al lateral derecho tirado para meter el centro atrás (ante una defensa parada con dos lineas de cuatro como en Bs As) o con espacios, donde también es imparable (como en México). Porque es verdad, el defensor sabe para donde va a salir, la cuestión es detenerlo. Algo de eso dicen que tenía Garrincha. Todos sabían para donde iba a salir, pero no cuando.Le cuestionan su falta de definición, y tal vez tengan razón (en mi opinión es psicológico lo que le está pasando), pero también hay que teneren cuenta que si concretara las que crea estaríamos hablando de un jugador de un valor incalculable.
Por eso, y más allá de que estos triunfos hagan olvidar a más de uno lo que pensaba hace un par de meses atrás, es hora de darle crédito a este hombre (el que todo técnico merece y no más) que llegó silvando bajito y ya construyó un equipo que consiguió llegar a las semifinales y pelear el Clausura con una idea de juego.
jueves, 22 de mayo de 2008
martes, 13 de mayo de 2008
UN ESTADO DE ANIMO
Un equipo es un estado de ánimo. Una muestra basta de esto la dio River en menos de 5 días. Sabida y consagrada la inexplicable derrota ante San Lorenzo por la Copa Libertadores, el domingo debía afrontar el partido con Gimnasia (LP) para defender la punta del Clausura, y en los primeros 45 minutos pareció seguir jugando aquel partido, repitiendo errores e intenciones. Pero todo cambio en el segundo, con un par de ingresos que le dieron otro aire y principalmente otra fisonomía al equipo.
Fue así porque hasta el termino del primer tiempo River se valió de las mismas intrascendentes armas para atacar a Gimnasia y porque en defensa sufrió la falta de inteligencia, no solo de los defensores, para contra restar a un rival que lo atacó mucho más que San Lorenzo. ¿Consecuencias? Cuatro tiros en los palos y dos goles para Gimnasia; e infinidad de pelotazos para Abreu, que ganó casi siempre, peinando la pelota para que atrás de él solo esperaran los defensores del Lobo. Muy lejos Sánchez, como Buonanotte y Augusto, el recurso de ganar de arriba para aprovechar la rapidez de los que van atrás fue inútil e inefectivo.
El ejemplo más acabado del momento que estaba pasando River se vio en el segundo gol de Gimnasia. Tiro libre en ataque para el visitante del lado izquierdo, contra la raya, a la altura del área grande. Gerlo y Cabral, que estaban cerca de la jugada, volvían hablando sin mirar la ejecución. Ormeño sacó rápido para Neira, que esperaba solo, solo, en la entrada del área y fue derechito a Carrizo que en su intento por defender todo el arco descuido el primer palo, por donde entró la pelota. Eso era River. Superioridad numérica para defender pero falta de inteligencia para hacerlo bien. La supremacía no le garantizaba nada, porque salían de a uno y a destiempo, entonces siempre había alguien para recibir solo. Pese a esto Abelairas se las arregló para marcar un golazo desde 25 metros, con un zapatazo al ángulo.
El segundo tiempo fue otra cosa. Ortega y Ahumada adentro. Augusto y Ponzio afuera. Al minuto de juego ya se podía ver un cambio fundamental. Ya no se le iba a tirar la pelota a Abreu. La redonda era propiedad de Ortega, que esta vez si fue práctico, sencillo. Sabía cuando tocar y pasar. Cuando enganchar y entretener la pelota para buscar la mejor opción. Entonces River fue otro y sus compañeros se contagiaron. A los cuatro minutos el resultado estaba en el marcador. Un par de toques que terminaron con un desborde de Abelairas, que muy frío e inteligente (otro le hubiera roto el pecho al arquero), jugó la pelota atrás para la llegada de frente de Buonanotte, quien definió de primera con derecha, 2-2 y a seguir buscando. A esto me refiero cuando hablo de estado de ánimo. Como en un mismo partido un equipo puede dar vuelta la historia a partir de su estado mental. Con el ingreso de Ortega los millonarios ganaron en confianza, y esas dos primeras pelotas que tomo el Burro al ingresar fueron una suerte de ejemplo y frescura para mandar un mensaje positivo de que se podía jugar de otra forma. Ahora todos jugaban por abajo, salvo en raras excepciones donde se lo buscaba al Loco por arriba, porque siempre es una buena opción. Eso tiene que ser la búsqueda a Abreu por arriba, una opción y no un sistema repetitivo.
Así se potenciaron todos. Ferrari iba por la derecha, el chileno era desequilibrante, Buonanotte tocaba y pasaba o los encaraba, Abreu se insertaba en el circuito de juego, Abelairas encontraba al mejor ubicado para cederle la pelota limpia, Ahumada ordenaba el medio y se dedicaba a cumplir su función, y Ortega dirigía la orquesta.
Con estas armas River se llevó por delante a Gimnasia y lo arrinconó contra su arco para terminar ganando 4-2 con otro golazo de Abelairas, que terminó una jugada que había comenzado por un lado y finalizó por el otro, con una definición precisa. Y para lo último quedó la frutilla del postre. La inició Abreu por la derecha, la siguió Buonanotte por la izquierda y la terminó Ortega por el medio. Todo esto conspiró para cambiar el estado de ánimo de un equipo que parecía no poder olvidarse de una derrota pesada e indigerible.
Fue así porque hasta el termino del primer tiempo River se valió de las mismas intrascendentes armas para atacar a Gimnasia y porque en defensa sufrió la falta de inteligencia, no solo de los defensores, para contra restar a un rival que lo atacó mucho más que San Lorenzo. ¿Consecuencias? Cuatro tiros en los palos y dos goles para Gimnasia; e infinidad de pelotazos para Abreu, que ganó casi siempre, peinando la pelota para que atrás de él solo esperaran los defensores del Lobo. Muy lejos Sánchez, como Buonanotte y Augusto, el recurso de ganar de arriba para aprovechar la rapidez de los que van atrás fue inútil e inefectivo.
El ejemplo más acabado del momento que estaba pasando River se vio en el segundo gol de Gimnasia. Tiro libre en ataque para el visitante del lado izquierdo, contra la raya, a la altura del área grande. Gerlo y Cabral, que estaban cerca de la jugada, volvían hablando sin mirar la ejecución. Ormeño sacó rápido para Neira, que esperaba solo, solo, en la entrada del área y fue derechito a Carrizo que en su intento por defender todo el arco descuido el primer palo, por donde entró la pelota. Eso era River. Superioridad numérica para defender pero falta de inteligencia para hacerlo bien. La supremacía no le garantizaba nada, porque salían de a uno y a destiempo, entonces siempre había alguien para recibir solo. Pese a esto Abelairas se las arregló para marcar un golazo desde 25 metros, con un zapatazo al ángulo.
El segundo tiempo fue otra cosa. Ortega y Ahumada adentro. Augusto y Ponzio afuera. Al minuto de juego ya se podía ver un cambio fundamental. Ya no se le iba a tirar la pelota a Abreu. La redonda era propiedad de Ortega, que esta vez si fue práctico, sencillo. Sabía cuando tocar y pasar. Cuando enganchar y entretener la pelota para buscar la mejor opción. Entonces River fue otro y sus compañeros se contagiaron. A los cuatro minutos el resultado estaba en el marcador. Un par de toques que terminaron con un desborde de Abelairas, que muy frío e inteligente (otro le hubiera roto el pecho al arquero), jugó la pelota atrás para la llegada de frente de Buonanotte, quien definió de primera con derecha, 2-2 y a seguir buscando. A esto me refiero cuando hablo de estado de ánimo. Como en un mismo partido un equipo puede dar vuelta la historia a partir de su estado mental. Con el ingreso de Ortega los millonarios ganaron en confianza, y esas dos primeras pelotas que tomo el Burro al ingresar fueron una suerte de ejemplo y frescura para mandar un mensaje positivo de que se podía jugar de otra forma. Ahora todos jugaban por abajo, salvo en raras excepciones donde se lo buscaba al Loco por arriba, porque siempre es una buena opción. Eso tiene que ser la búsqueda a Abreu por arriba, una opción y no un sistema repetitivo.
Así se potenciaron todos. Ferrari iba por la derecha, el chileno era desequilibrante, Buonanotte tocaba y pasaba o los encaraba, Abreu se insertaba en el circuito de juego, Abelairas encontraba al mejor ubicado para cederle la pelota limpia, Ahumada ordenaba el medio y se dedicaba a cumplir su función, y Ortega dirigía la orquesta.
Con estas armas River se llevó por delante a Gimnasia y lo arrinconó contra su arco para terminar ganando 4-2 con otro golazo de Abelairas, que terminó una jugada que había comenzado por un lado y finalizó por el otro, con una definición precisa. Y para lo último quedó la frutilla del postre. La inició Abreu por la derecha, la siguió Buonanotte por la izquierda y la terminó Ortega por el medio. Todo esto conspiró para cambiar el estado de ánimo de un equipo que parecía no poder olvidarse de una derrota pesada e indigerible.
jueves, 8 de mayo de 2008
¿POR QUE EL REGLAMENTO NO LO HACE EL FMI?
Mucho se habló esta semana por la suspensión de la cancha de Boca. Primero se dijo que eran 30 días, después que si se hacían las modificaciones en los palcos podía jugar inmediatamente. Salió a hablar Pompilio, quien acusó a la prensa de mal interpretar la información. Y después emergió De Luca (uno de los popes de la Comnebol) para aclarar la situación, desdiciendo a todos.
Ahora bien, en ninguna de las versiones de todas las que se expusieron se reparó en el reglamento, que para algo está. En su artículo 15, el Reglamento de la Copa Santander Libertadores reza: “Si un partido fuese suspendido por el árbitro en razón de la intervención de los espectadores o por agresiones cometidas contra el árbitro, árbitros asistentes o jugadores del equipo visitante, el club local será castigado con la pérdida del partido en caso de comprobada culpabilidad a juicio del Comité Ejecutivo.”
¿Alguien habló de esto? La discusión parece centrarse en si la prohibición para que Boca juegue de local es de un mes o de veinte días. Es una manera de desviar la mirada de lo realmente importante que es no respetar el reglamento.
Pero el reglamento no solo es noticia por las omisiones del Comité Ejecutivo. Esto da pie para observarlo y detenerse en artículos muy curiosos. Por ejemplo el artículo 3, inciso 6. Allí dice que de llegar a las semifinales dos equipos de una misma asociación deberán chocar indefectiblemente en esa instancia, por más que hayan accedido por llaves diferentes, ya que no pueden disputar la final de la Copa dos clubes de una misma asociación. Si está buscando una respuesta lógica desde lo deportivo para semejante decisión, no la busque más, porque no existe. La respuesta hay que buscarla del lado monetario, publicitario, marketinero, donde quiera, pero no en lo deportivo. Cuenta la historia que avivaron a la Conmebol luego de que en 2006, San Pablo e Inter, ambos de Brasil, disputaran la final que quedó en manos de los de Porto Alegre. Sin más, expusieron el negocio que era vender una final en dos países diferentes y no a uno solo.
En el mismo inciso, aunque más adelante se aclare mejor, queda explicitado que el torneo deberá finalizar en terreno Sudamericano, por lo que de llegar a la final un equipo mexicano que haya clasificado con mejor puntaje en la fase de grupos poco importará, tendrá que definir en continente Sudamericano. Esto es, yo te invito a participar pero ni se te ocurra salir campeón, y si lo haces, que te cueste un Perú. Pero algo a favor tiene la creación de este Reglamento, o la reforma. Antes figuraba un artículo que impedía al campeón, de no pertenecer a la Conmebol, jugar la Intercontinental. Esto fue corregido y ya no es así. Por lo menos un poquito de respeto ¿no?.
Ahora bien, en ninguna de las versiones de todas las que se expusieron se reparó en el reglamento, que para algo está. En su artículo 15, el Reglamento de la Copa Santander Libertadores reza: “Si un partido fuese suspendido por el árbitro en razón de la intervención de los espectadores o por agresiones cometidas contra el árbitro, árbitros asistentes o jugadores del equipo visitante, el club local será castigado con la pérdida del partido en caso de comprobada culpabilidad a juicio del Comité Ejecutivo.”
¿Alguien habló de esto? La discusión parece centrarse en si la prohibición para que Boca juegue de local es de un mes o de veinte días. Es una manera de desviar la mirada de lo realmente importante que es no respetar el reglamento.
Pero el reglamento no solo es noticia por las omisiones del Comité Ejecutivo. Esto da pie para observarlo y detenerse en artículos muy curiosos. Por ejemplo el artículo 3, inciso 6. Allí dice que de llegar a las semifinales dos equipos de una misma asociación deberán chocar indefectiblemente en esa instancia, por más que hayan accedido por llaves diferentes, ya que no pueden disputar la final de la Copa dos clubes de una misma asociación. Si está buscando una respuesta lógica desde lo deportivo para semejante decisión, no la busque más, porque no existe. La respuesta hay que buscarla del lado monetario, publicitario, marketinero, donde quiera, pero no en lo deportivo. Cuenta la historia que avivaron a la Conmebol luego de que en 2006, San Pablo e Inter, ambos de Brasil, disputaran la final que quedó en manos de los de Porto Alegre. Sin más, expusieron el negocio que era vender una final en dos países diferentes y no a uno solo.
En el mismo inciso, aunque más adelante se aclare mejor, queda explicitado que el torneo deberá finalizar en terreno Sudamericano, por lo que de llegar a la final un equipo mexicano que haya clasificado con mejor puntaje en la fase de grupos poco importará, tendrá que definir en continente Sudamericano. Esto es, yo te invito a participar pero ni se te ocurra salir campeón, y si lo haces, que te cueste un Perú. Pero algo a favor tiene la creación de este Reglamento, o la reforma. Antes figuraba un artículo que impedía al campeón, de no pertenecer a la Conmebol, jugar la Intercontinental. Esto fue corregido y ya no es así. Por lo menos un poquito de respeto ¿no?.
lunes, 5 de mayo de 2008
MUCHO CLASICO, POCO FUTBOL
La expectativa que genera un clásico es única. Por la pasión y esta vez por que Boca y River prometían ir al frente, por lo menos eso se hablaba y lo decían los protagonistas antes del encuentro. Bien hasta ahí. Aquel que fue a la cancha, el que lo vio con amigos o el que pago algo en algún café para ver el súper clásico, se habrá desilusionado en cuanto al juego, a lo estrictamente futbolístico. En Boca, uno suponía que se iba apoyar en la creación de Riquelme, en el ida y vuelta de Datolo y en alguna corrida electrizante de Palacio. Por su parte, River invitaba a un plato súper ofensivo, por los nombres que volcaba al verde césped. El trío Ortega-Buonanotte-Sánchez más Falcao intimidaba a la defensa del equipo local. Claro, todo quedó ahí. En insinuaciones, en amagues. Los de Carlos Ischia encontraron el gol por arriba. Con una vieja formula: centro de Riquelme y cabezazo certero de Battaglia. El visitante no llegaba con peligro al arco defendido por Caranta. Porque Buonanotte estuvo muy solo –le cometieron muchas infracciones-, Sánchez y Ortega entraron poco en contacto con la pelota y a Falcao directamente no le llegaba, y ahí se diluían las esperanzas del millonario. El juego seguía brillando por su ausencia. No circulaba la pelota, se le pegaba constantemente para arriba, no se intentaba jugar por abajo y el partido definitivamente hacia arder los ojos. Se iba el primer tiempo.
Los segundos 45 minutos encontraron a un River en campo rival y a Boca agazapado, dispuesto a regalarle la pelota al rival y apostando por alguna contra. Los de Simeone tenían el control de la redonda, pero no se les caía una idea y cuando el local lograba recuperar el balón lo perdía tan rápido como se escurre el agua entre las manos. Entonces el “super” seguía siendo por demás ordinario. Transcurrían los minutos y River iba pero no sabía como y Boca se refugiaba cada vez más cerca de su arco. Los cambios no le dieron resultado al puntero del campeonato. Línea de 3 y casi todos con vocación ofensiva, claro, amontonar gente no te asegura nada. Fernández, Abreu y Rosales a la cancha, vértigo y velocidad, pero se notaba que necesitaba alguien que marque los tiempos, que diga ahora se juega a 40 y acá se acelera al 100. Así, los defensores y mediocampistas de Boca acrecentaban sus figuras. Los millonarios lo tuvieron en la cabeza de Abreu pero su tiro se fue por arriba del horizontal y se esfumaban las chances de empatar. Para esto Boca solo pedía, imploraba, que el partido termine cuanto antes. Bassi pitó el final. Boca ganó uno a cero, con poco, muy poquito. Quedaron en deuda, sin duda. Riquelme no apareció, Ortega no terminó una. Si ellos que son los que nos pueden arrancar una sonrisa dentro de la cancha no aparecen, es difícil poder ver algo interesante. Así se fue el clásico. De fútbol poco y nada.
POR MARCIAL PAZ
Los segundos 45 minutos encontraron a un River en campo rival y a Boca agazapado, dispuesto a regalarle la pelota al rival y apostando por alguna contra. Los de Simeone tenían el control de la redonda, pero no se les caía una idea y cuando el local lograba recuperar el balón lo perdía tan rápido como se escurre el agua entre las manos. Entonces el “super” seguía siendo por demás ordinario. Transcurrían los minutos y River iba pero no sabía como y Boca se refugiaba cada vez más cerca de su arco. Los cambios no le dieron resultado al puntero del campeonato. Línea de 3 y casi todos con vocación ofensiva, claro, amontonar gente no te asegura nada. Fernández, Abreu y Rosales a la cancha, vértigo y velocidad, pero se notaba que necesitaba alguien que marque los tiempos, que diga ahora se juega a 40 y acá se acelera al 100. Así, los defensores y mediocampistas de Boca acrecentaban sus figuras. Los millonarios lo tuvieron en la cabeza de Abreu pero su tiro se fue por arriba del horizontal y se esfumaban las chances de empatar. Para esto Boca solo pedía, imploraba, que el partido termine cuanto antes. Bassi pitó el final. Boca ganó uno a cero, con poco, muy poquito. Quedaron en deuda, sin duda. Riquelme no apareció, Ortega no terminó una. Si ellos que son los que nos pueden arrancar una sonrisa dentro de la cancha no aparecen, es difícil poder ver algo interesante. Así se fue el clásico. De fútbol poco y nada.
POR MARCIAL PAZ
sábado, 3 de mayo de 2008
¿TITULARES O SUPLENTES?
Hace unos días un amigo me planteó la posibilidad de que River juegue el superclásico con mayoría de jugadores suplentes. Su explicación era que el jueves debe enfrentar a San Lorenzo por la vuelta de la Libertadores y que un empate en la Bombonera no estaría nada mal. Otro de los fundamentos fue el de poner algunos buenos jugadores que Simeone tiene en el banco.
Mi respuesta entendiendo el planteo (no compartiéndolo, ya que un empate en la Bombonera no es nada bueno para River como tampoco para Boca) fue preguntarme quienes son los titulares de River, entonces enumeré algunos con certeza, otros no supe deducirlos. Más tarde, me continuó dando vueltas el tema en la cabeza y me surgió pensar que si la idea es guardar jugadores para no arriesgarlos, ¿Que te garantiza que ninguno de los que descansaron no se rompa a los 10 minutos de empezado el partido con San Lorenzo?, con la cantidad de lesionados que tuvo River en el último año. De hecho uno de los que más rotó en el ciclo anterior fue Passarella y la consecuencia no fue precisamente la de jugadores sanos, más bien, todo lo contrario, jugaban poco y se lesionaban mucho.
Otra respuesta que me brotó es que la excusa de siempre por llegar cansados a los partidos son los interminables viajes que hay que hacer para jugar la Copa de visitante. Una vez que puede jugar los dos partidos en Argentina, ¿se va a dar el lujo de guardar jugadores?.
Por otro lado, siempre voy a pensar que aunque sea Boca, Estudiantes o Chacarita, los que salen a la cancha deben ser los mejores. Es una de las formas de prestigiar a una institución, algo que se va perdiendo lentamente, y de respetar al tipo que paga una entrada o se sienta frente al televisor a ver un partido. Ya demasiado aburrido son los partidos con los titulares.
Mi respuesta entendiendo el planteo (no compartiéndolo, ya que un empate en la Bombonera no es nada bueno para River como tampoco para Boca) fue preguntarme quienes son los titulares de River, entonces enumeré algunos con certeza, otros no supe deducirlos. Más tarde, me continuó dando vueltas el tema en la cabeza y me surgió pensar que si la idea es guardar jugadores para no arriesgarlos, ¿Que te garantiza que ninguno de los que descansaron no se rompa a los 10 minutos de empezado el partido con San Lorenzo?, con la cantidad de lesionados que tuvo River en el último año. De hecho uno de los que más rotó en el ciclo anterior fue Passarella y la consecuencia no fue precisamente la de jugadores sanos, más bien, todo lo contrario, jugaban poco y se lesionaban mucho.
Otra respuesta que me brotó es que la excusa de siempre por llegar cansados a los partidos son los interminables viajes que hay que hacer para jugar la Copa de visitante. Una vez que puede jugar los dos partidos en Argentina, ¿se va a dar el lujo de guardar jugadores?.
Por otro lado, siempre voy a pensar que aunque sea Boca, Estudiantes o Chacarita, los que salen a la cancha deben ser los mejores. Es una de las formas de prestigiar a una institución, algo que se va perdiendo lentamente, y de respetar al tipo que paga una entrada o se sienta frente al televisor a ver un partido. Ya demasiado aburrido son los partidos con los titulares.
EDITORIAL
¿Quién sabe de fútbol? Esta pregunta se hacía el Periodista Dante Panzeri (1924-1978) en un capítulo de su libro Dinámica de lo impensado. La incógnita planteaba diferentes dudas a saber. Una de los cuestionamientos que hacía era que a veces se confundía memoria con sabiduría. Otra, “¿los que tienen diploma son los que saben? ¿Y el diploma quien se los dio? Nadie que dé diplomas podría probar que sabe todo lo que puede imprevistamente producir un jugador de fútbol. Eso no lo sabe ni el jugador, al que ‘le salen’ esos imprevistos.”
“¿Los futbolistas geniales son los que saben de fútbol? ¡Cuantos futbolistas geniales no saben ni supieron por qué eran geniales! Es más, muchos de ellos hablan de fútbol con absoluta incoherencia.”
“¿Acaso los que ‘saben’ son los muchos ‘malos’ futbolistas que, por contraste, parecen ver muy bien el fútbol y lo analizan con aparente alto nivel didáctico y dialéctico? La objeción para darles ‘el diploma’ se plantea, en su caso, en el hecho de que todo lo que saben no supieron trasladarlo a una cancha.”
Por último, Dante Panzeri, escribió en su libro: “Es así que llegamos a lo que temía tener que llegar como otro motivo para afirmar que ‘este libro no sirve para nada’: nadie ‘sabe’ verdaderamente y probadamente de fútbol. El fútbol es ciencia oculta de imposible enseñanza académica. El fútbol es empirismo.”
Luego de leer a Panzeri, quien fue quizá el periodista deportivo más notable de esta profesión, nos empezamos a hacer muchas de estás preguntas, en ámbitos exclusivamente futboleros. ¿Quién no escucho en una cancha decir a alguien “este no sabe nada de fútbol”?. En relación al técnico de su equipo que hace 5 partidos que no gana o que realizó un mal cambio. ¿Desde que lugar ese tipo lanza semejante sentencia? ¿A caso él sabe más que el técnico? La misma frase suele escucharse asiduamente en charlas de café, cuando las discusiones futboleras suben de tono y en muchas ocasiones uno de los contendientes terminará diciendo: callate si vos no sabés nada de fútbol.
Desde nuestro lado, habiendo incurrido alguna vez en esta tontería, creemos que saber de fútbol sabemos todos, solo que algunos tienen una manera deferente de aplicarlo o de llevarlo a la práctica, o de pensarlo, porque en definitiva es un juego. Sí, creemos, como todos, que los que nos gustan a nosotros, saben un poquito más que otros, o saben diferente. Por eso en este espacio invitaremos a expresarse a distintos amigos, conocidos, etc., que muchas veces no tendrán que ver exclusivamente con el fútbol. Serán miradas diferentes, o iguales, quien sabe. Lo que si es seguro, es que todas serán miradas sobre este juego tan hermoso que se llama Fútbol; y lo que provoca.
Marcial y Federico.
“¿Los futbolistas geniales son los que saben de fútbol? ¡Cuantos futbolistas geniales no saben ni supieron por qué eran geniales! Es más, muchos de ellos hablan de fútbol con absoluta incoherencia.”
“¿Acaso los que ‘saben’ son los muchos ‘malos’ futbolistas que, por contraste, parecen ver muy bien el fútbol y lo analizan con aparente alto nivel didáctico y dialéctico? La objeción para darles ‘el diploma’ se plantea, en su caso, en el hecho de que todo lo que saben no supieron trasladarlo a una cancha.”
Por último, Dante Panzeri, escribió en su libro: “Es así que llegamos a lo que temía tener que llegar como otro motivo para afirmar que ‘este libro no sirve para nada’: nadie ‘sabe’ verdaderamente y probadamente de fútbol. El fútbol es ciencia oculta de imposible enseñanza académica. El fútbol es empirismo.”
Luego de leer a Panzeri, quien fue quizá el periodista deportivo más notable de esta profesión, nos empezamos a hacer muchas de estás preguntas, en ámbitos exclusivamente futboleros. ¿Quién no escucho en una cancha decir a alguien “este no sabe nada de fútbol”?. En relación al técnico de su equipo que hace 5 partidos que no gana o que realizó un mal cambio. ¿Desde que lugar ese tipo lanza semejante sentencia? ¿A caso él sabe más que el técnico? La misma frase suele escucharse asiduamente en charlas de café, cuando las discusiones futboleras suben de tono y en muchas ocasiones uno de los contendientes terminará diciendo: callate si vos no sabés nada de fútbol.
Desde nuestro lado, habiendo incurrido alguna vez en esta tontería, creemos que saber de fútbol sabemos todos, solo que algunos tienen una manera deferente de aplicarlo o de llevarlo a la práctica, o de pensarlo, porque en definitiva es un juego. Sí, creemos, como todos, que los que nos gustan a nosotros, saben un poquito más que otros, o saben diferente. Por eso en este espacio invitaremos a expresarse a distintos amigos, conocidos, etc., que muchas veces no tendrán que ver exclusivamente con el fútbol. Serán miradas diferentes, o iguales, quien sabe. Lo que si es seguro, es que todas serán miradas sobre este juego tan hermoso que se llama Fútbol; y lo que provoca.
Marcial y Federico.
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