“Hace ciento treinta años, después de visitar el país de las maravillas, Alicia se metió en un espejo para descubrir el mundo al revés. Si Alicia renaciera en nuestros días, no necesitaría atravesar ningún espejo: le bastaría con asomarse a la ventana.”
Eduardo Galeano
Riquelme entrena con la selección Argentina y Cáceres con la de Paraguay. Pero el alma de los dos sobrevuela por la Boca. La vorágine en que está envuelto el fútbol tiene hoy su epicentro en los Xeneizes. Hasta no hace más de 2 meses, Boca era la panacea. Pero luego del problemático y desprolijo caso Caranta, sumado a la pelea Cáceres-Riquelme, la cuestión tomó visos de catástrofe y hasta se pone en duda la continuidad del entrenador. En tanto, en la otra vereda, allá entre Belgrano y Nuñez, el conjunto de Simeone marcha ante último en la tabla de posiciones, pero el periodismo parece no haberse enterado y la protección mediática con la que cuenta el entrenador ya es insultante. ¿No es lindo el fútbol argentino?
El primer round fue a distancia, pero sin embargo, el movilero de Fox, ese mismo martes, a las 22 horas, fue mandado a la puerta del club, no se sabe bien a buscar qué. Desde ese día a esta parte se llenaron páginas de los diarios y horas de televisión hablando de la Cuestión de Estado. Ya no importa si Boca juega bien o mal y cuales son las causas del rendimiento. Ahora se deberá esperar hasta después de las eliminatorias para volver a soportar horas y horas de programas con cronistas que estarán apostados en la Bombonera aguardando la salida de ambos jugadores para que expliquen lo que no dirán. Entonces serán un sin fin de repeticiones de lugares comunes, evitando las respuestas concretas.
En River el tema central parece ser si juega Tuzzio o Quiroga y en la delantera si vuelve el lesionado Falcao. Nada de plantear porque hay partidos en los que Villagra termina jugando de central, o la razón de tantos cambios entre una fecha y otra. Ni mucho menos preguntarle al entrenador, sin faltarle el respeto, la causa de su intratable estado de ánimo al costado del campo de juego. Nadie, tampoco, osará interrogarlo a cerca de si eso repercute negativamente en el ritmo de juego de sus dirigidos, acostumbrados, ya a esta altura, en llegar más rápido al área rival que a la mitad de la cancha.
La sensación es que un club vive en Aruba y el otro en Kosovo. Aunque River esté ante último y Boca cuarto. El mundo patas arriba.
Federico Galván
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